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No cuesta nada, pero crea mucho.

Enriquece a quienes reciben, sin empobrecer a quienes dan.

Ocurre en un abrir y cerrar de ojos, y su recuerdo dura a veces para siempre.

Nadie estan rico que pueda pasarse sin ella, y nadie es tan pobre que no pueda enriquecer por sus beneficio.

Porque nadie necesita tanto una sonrisa como aquel a quien no le queda ninguna que dar.

De modo que si usted quiere gustar a los demás la regla es: SONRÍA.

Salvador Garmendia.(1980). Como ganar amigos e influir en sobre otras personas. Bogota: Ediciones Cosmo.
Se acabaron los profesores dictadores, que dictan clase. Hoy los profesores son acompañantes respetuosos del proceso de formación de estudiantes.

El nuevo docente sabe con claridad que su función es formar, no informar. Sabe que Internet conoce más datos que él.

Enseña a sus alumnos a pensar, más que a memorizar. Conoce y respeta a cada uno de sus estudiantes, con sus características y especificidades. No los trata a todos igual.

Les proporciona los elementos para que aprendan a preguntar y a buscar respuestas.

También estudia mucho, lee mucho, más que sus estudiantes. Sabe escuchar tanto como hablar. Se mantiene actualizado en el campo.

Piensa en el futuro permanentemente, pues sus estudiantes se preparan para mañana, no para hoy.

Se siente mejor con el título de maestro que con el de profesor. Mantiene siempre vigente la ética profesional, en sus enseñanzas y en su actividad.

Conoce muy bien que su misión principal es "encarretar" a sus alumnos con el conocimiento.

Se considera psicólogo, médico, educador, consejero, sociólogo, ingeniero de sitemas, pedagogo, nutricionista, abogado escritor y todo lo demás.

Se preocupa por formar excelentes seres humanos, más que buenos profesionales.

Piensa siempre que su acción desarrolla al estudiante y aporta a la sociedad.

Tiene conciencia de que el mejor y casi único proceso de paz que vale la pena es educar. Un maestro, si es hombre es también madre y si es mujer es también padre.

Un maestro respeta y enseña y exige respeto. El buen maestro conoce sus limitaciones e ignorancias.

No utiliza la docencia para demostrar poder sobre el estudiante. Tiene claro que su trabajo tiene sentido mientras existen seres en formación o estudiantes.

No le preocupan las notas, lo mueve que sus estudiantes aprendan a ser, saber y hacer. Se siente orgulloso de ser docente y decente. Un maestro verdadero sabe pedir pedón y perdonar.

Es un enamorado de las tecnologías que le permiten ampliar el mundo de conocimiento a él y a los suyos.

SER MAESTRO ES, EN DEFINITIVA, EL OFICIO MÁS DIGNO DEL MUNDO.

Samuel Arango. Publicado el 4 de agosto de 2008, periódico El Colombiano.
Flor como aquel narciso no se veía en muchos kilómetros a la redonda. No era grande, aunque si muy gracioso. No tenía mucha apariencia, pero difundía alrededor un embriagador e intenso aroma.

Y él - lo sabía, porque podía contemplarse a su gusto en el arroyuelo que corría a sus pies. Se sabía hermoso y no ignoraba que, en gran parte, debía su gracia de sus pétalos y el aroma de la corola - también el brillo de sus tersas hojas - al vigor que empapaba el terreno y vivificaba sus tiernas raíces.

Por todo ello se contemplaba con vanidad en el arroyo, mas también con gratitud.

Y decía:

- Si soy agradable solamente porque el agua me llega a través de la tierra, ¿quién sabe cómo llegaría a ser si me metiese entero en el arroyo? Indudablemente, me haría más grande y mas esbelto.

Tal vez, crecería hasta convertirme en un árbol de grueso tronco y largas ramas, cubierto de muchas flores. Y quizás algún día, llegase también a dar frutos.

Soñando de esta manera, el narciso se inclinó tanto que hacia el agua, que ésta le arrastró en su corriente.

Al verse llevar por el agua, pensó:

- ¡ADMIRABLE! Ahora, metido por completo en este líquido de plata, me convertiré en una verdadera maravilla.

Sin embargo, a las pocas horas, la vanidosa flor estaba ya marchita. Sabía muchas cosas el narciso; pero no todas. Y entonces, aprendió - demasiado tarde, por desgracia - que incluso las cosas buenas se deben usar con moderación.

Antología Comunicativa.(1988) El narciso vanidoso. Cali: Editorial Norma